En mi entorno, la mayoría considera que quizá soy demasiado estricta con mi hijo. Y no hay día que no reflexione sobre ello, porque es verdad, a veces pienso que soy demasiado exigente con quien es apenas un niño. Pero también es verdad que todo mi entorno cree que mi hijo es estupendo y eso, en parte, se debe también a la educación que recibe de mí.
Sé que podría mejorar (mucho), y sé que debería dar más tregua a mi pequeño. Pero cuando miro alrededor, veo a muchos niños insolentes, malcriados por sus padres, niños a quienes se les permite todo y a quienes no se ponen límites, niños que son, francamente, el horror. Y entonces, reafirmo que los límites son necesarios.
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maternidad. Mostrar todas las entradas
lunes, 27 de mayo de 2019
martes, 15 de enero de 2019
YO MOLABA HASTA QUE FUI MADRE
Fowl Language (Yo molaba hasta que fui padre) es una serie de cómics sobre la aventura de la paternidad (que no es otra, aunque difiera en algunos aspectos, a la de la maternidad). Para cualquier padre o madre, las tiras de Brian Gordon serán un fiel y divertido reflejo de su vida.
jueves, 3 de enero de 2019
2019: EL AÑO DEL CAMBIO
Empiezo el año con una revelación: no soy de las que marcan la diferencia. No soy Erin Brockovich. No soy Rosa Parks. No soy Paul Rusesabagina. Ni Ron Woodroof. O Gerry Conlon.
Este 2018 no fui valiente, ni fuerte. Dejé que otros decidieran por mí. Que me categorizaran. Huí. Y, en vez de denunciar: "el problema no es mío; es vuestro, que no aceptáis que una mujer pueda ser ambas cosas: madre y profesional", permití que me arrebataran el trabajo de mis sueños. Podría haberme plantado ante el toro, como la Fearless Girl de Kristen Visbal, y gritarle: "¡No pienso moverme de aquí". Pero no lo hice.
Debía haber dicho muchas cosas, este 2018. Pero estos meses de remordimiento por haber callado tanto me han vuelto firme. Aseverativa. Casi intransigente.
Hoy por hoy, no soy Rosa, no. Ni Erin, Paul o Ron. O Gerry. Pero quizá, en este futuro que empieza, pueda llegar a serlo.
Este 2018 no fui valiente, ni fuerte. Dejé que otros decidieran por mí. Que me categorizaran. Huí. Y, en vez de denunciar: "el problema no es mío; es vuestro, que no aceptáis que una mujer pueda ser ambas cosas: madre y profesional", permití que me arrebataran el trabajo de mis sueños. Podría haberme plantado ante el toro, como la Fearless Girl de Kristen Visbal, y gritarle: "¡No pienso moverme de aquí". Pero no lo hice.
Debía haber dicho muchas cosas, este 2018. Pero estos meses de remordimiento por haber callado tanto me han vuelto firme. Aseverativa. Casi intransigente.
Hoy por hoy, no soy Rosa, no. Ni Erin, Paul o Ron. O Gerry. Pero quizá, en este futuro que empieza, pueda llegar a serlo.
lunes, 17 de septiembre de 2018
EL PECADO DE SER MADRE
Hay
un momento crítico en la vida de una mujer en el que su carrera profesional, su
cuerpo y sus aspiraciones cambian por completo: el día en que se convierte en
madre. Puede parecer un cliché, pero cuando tu metabolismo se rebela y estás
exhausta, dedicada solamente al hogar, preguntándote si alguna vez volverás a ser tú misma, tu autoestima recibe un
buen mazazo. Y no es fácil de sobrellevar.
De
repente, tienes que conjugar dos facetas completamente en lucha: necesitas
ser un referente moral, una figura de autoridad y cariño y por otra parte no
perder tu esencia, aquello que te hacía ser tú. Porque toda maternidad acarrea una suerte de metamorfosis que puede devenir en una verdadera crisis de identidad. Es algo maravilloso, sí, pero también duro y triste en ocasiones.
De eso habla, de algún modo, Tully. Tully es la niñera que sueña toda madre (si pudiéramos permitírnosla) y que consigue que Charlize Theron se permita recuperar la ilusión, descansar, disfrutar de pequeños placeres diarios y volver a encontrarse.
Yo llevo cinco años de maternidad en los que he llorado y dudado mucho. También he sentido la felicidad plena, claro, pero he debido sacrificar demasiado tanto en la vida personal (ser madre soltera limita sobremanera tu libertad para seguir creciendo, aprendiendo, amando, compartiendo...) como en la profesional (me he visto obligada a renunciar al trabajo de mis sueños, que ejercía con pasión y de manera efectiva, para poder atender a mi hijo). Lamentablemente, pocos entienden realmente lo que supone la crianza de un hijo, el arraigo familiar que crea. Las cosas a las que una debe renunciar para cuidarle como necesita y merece. Como me dijo mi amiga Adela una vez: "Si todos los adultos nos acordáramos que fuimos niños, personitas indefensas y dependientes, el mundo sería mejor".
martes, 16 de abril de 2013
AMOR DE MADRE
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







