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jueves, 25 de noviembre de 2010

MARIOLA CUBELLS... AGAIN

DIARIO ADN
25 de Noviembre de 2010 | Mariola Cubells

Hombres de mi vida

El mundo está lleno de caballeros. De hombres inteligentes, elegantes, corteses, educados. De hombres que tienen claro que somos iguales, que respetan al otro y a la otra. Que no te humillan nunca, que te quieren bien, que te apoyan, que son buenos compañeros vitales.

Está lleno de hombres que detestan la zafiedad y que no se identifican con esos otros hombres groseros que abren la boca y escupen. El mundo está repleto de hombres así que hacen que la vida de una sea mejor, más grata. Me rodean desde siempre. Y a ustedes también. Los tengo, los he tenido, en mis lugares de trabajo, en mi familia, entre mis amigos. Los veo por todas partes. Hombres tiernos, que tratan al mundo con delicadeza. Que jamás te levantarían la mano siquiera. Buenos padres, buenos hijos.

También hay hombres así en la política, incapaces de insultar a una ministra, ni a un ministro. Hay hombres que no van a la tele a airear sus romances pasados ni presentes, eso tan feo y tan de moda.

Hombres que son reservados con lo que les cuentas, que nunca te ofenden. Hombres a cuyo lado una siempre se siente una princesa. Que se enamoran de la inteligencia de las mujeres, de sus corazones y que, ni en público ni en privado, son soeces. Tenemos demasiados ejemplos de los otros, de los malos, así que esta columna va por ellos, por los buenos, para diferenciarlos bien de los cretinos, de los capullos, de los asesinos, de los canallas, de los mezquinos.

jueves, 29 de julio de 2010

MARIOLA CUBELLS

Hoy no voy a hablar yo, porque esta estupenda periodista escribió una columna la semana pasada que bien pudiera haber firmado yo... Os dejo con ella.

Un regalo de verano
Propuestas gratis y placenteras que amigos, amigas, mi equipo y yo misma hemos confeccionado para ustedes, como regalo de verano.
Descalzarte y meterte en el mar, o pisar la hierba del parque de al lado. Comerte entera a tu hija después de tantos días sin verla. Acabar con éxito el bizcocho con la receta de tu madre, olerlo y volver a tu infancia. Reírte todo el fin de semana con tu amiga del alma, con el hombre al que quieres... Llorar viendo una película.
Dormirte en el sofá, con el periódico, después del desayuno. Volver a los lugares de tu ciudad en los que has sido feliz, contradiciendo al poeta. Buscar el arco iris cuando llueve. O caracoles, después de la lluvia, si estás en el campo.
Dormir sin deshacer la cama, es decir, sin meterte entre las sábanas. No tener que vestirte en todo el día. No tomar decisiones. No hablar con nadie por obligación, o mejor, no tener que llenar el vacío con quien no te interesa.
Cantar tonterías de cuando tenías 20 años, después de tomarte dos drymartinis. Zamparte el helado al que te invitan, saltándote a la torera la operación biquini. La playa, por la noche, con una buena luna, y el bocadillo que has traído de casa. Y la brisa dándote en la nuca. Cosquillitas en la espalda. Pintarse las uñas, las chicas. Los chicos, darnos conversación mientras lo hacemos. Besar, besar, besar. Una siesta a la sombra. Columpiarte.
Hagan su lista. Verán qué de cosas les salen… Y luego, cúmplanla.