
A lo largo de mi vida me han adjudicado múltiples nacionalidades: en Londres me preguntaban si era india; en Palestina me hablaban en árabe; gente del Brasil me ha dicho que, por mis facciones, podría ser brasilera; el otro día una amiga me dijo que, habiendo cogido moreno, parecía egipcia, y últimamente no dejan de preguntarme si soy argentina. Recuerdo una revista que me trajo una amiga hace algunos años: era sobre la revolución cubana y, en una de las fotos repletas de manifestantes, aparecía yo de pequeña. Sólo que no era yo, era una niña cubana igual a mí.
Cuando vi esta foto de Elias Regina pensé que yo, de mayor, me parecería a ella. Tenía una foto de cuando pequeña con el cabello corto también que me recordaba algo a ella. Ojalá.
Pero nosotros los humanos no somos gatos, no tenemos siete vidas. Aún así, a veces ¡qué bonito es imaginarse ser otro, vivir en otros lugares, conocer otras gentes!

























