Hasta hace apenas pocos años, yo no sabía quién era James Baldwin. Pero en un cursillo de verano de dramaturgia en el Obrador de la Sala Beckett, Sasha Mariana Salzmann me lo descubrió. Como a ella la adoraba, compré casi toda la obra (dramática y de ficción) de este hombre menudo cuya fuerza de león le hizo emprender un viaje a París para sobrevivir a un tiempo y un lugar que le parecían vetados. Baldwin era pobre, negro, homosexual. Y norteamericano. Pero supo denunciar aquella sociedad de la que provenía en sus obras, y supo alzar la voz contra las injusticias que se vivían en ellas, especialmente para la población negra. Habló claro en una época en la que no todos lo hacían. Y por eso le admiro, no por el escritor que fue, sino por el hombre, como él mismo decía ("I am not a nigger. I am a man"), que demostró ser.
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viernes, 1 de febrero de 2019
martes, 12 de septiembre de 2017
SASHA
A veces la alineación de los astros existe. Contratas la novela debut de una joven dramaturga alemana, que publicará Suhrkamp. No habías oído hablar de ella, ni de su teatro, pero resulta que es la joven promesa del teatro alemán. Te escribes con ella, te dice que le gustará conocerte en julio, pues estará unos días en Barcelona. Te enteras que estará dando un curso de teatro político, "Cada momento de la vida cotidiana es político", y no puedes evitar apuntarte porque todo el teatro que tú has escrito es político. Además, el curso se imparte dentro del Obrador de la Sala Beckett, el primer centro donde estudiaste escritura dramática. Llegas y te recibe una pizarra con un escrito desgarrador de la obra de teatro de gente conocida que se representa ahí, y te paraliza unos segundos. La conoces entonces, en el curso. La adoras. Adoras y compartes su visión del teatro, sus lecturas de referencia. Y piensas que es una suerte que vayas a editarla. Aunque a veces, la suerte, no es fortuita.
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